ANTECEDENTES DEL INAPAM
- la gaceta

- hace 6 días
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Quizá algunos historiadores recientes, de tener autoridad cambiarían los orígenes de la institución que en 1979 inició actividades con el nombre de Instituto Nacional de la Senectud (INSEN) y que a partir del 2002 cambio a Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM).
En el gobierno del Lic. José López Portillo, quien vivió en la residencia oficial de Los Pinos y ahí mismo en una cabaña, residió su señora madre doña Cuquita Pacheco quien tenía una amiga muy cercana: la filósofa, escritora, psicóloga, maestra Dra. Emma Godoy Lobato.
Las dos amigas se reunían con frecuencia. Con más de una veintena de libros, más la experiencia de su cátedra, doña Emma resultaba gran charlista. Uno de los temas que más llamó la atención a la mamá del presidente, fue la inquietud de la doctora Godoy por atender a las personas mayores, las que hoy identifican como de la Tercera Edad.
En esos tiempos doña Emma ya había fundado DIVE, A. C. (Dignificadora de la Vejez, A. C.) que tenía el lema: “La ancianidad debe ser maestra, consejera y guía”. Fue tanto el interés que personalmente tuvieron una larga plática con el presidente y lo convencieron de que era importante crear una institución que se hiciera cargo de la atención de los adultos mayores, a partir de los 60 años de edad, especialmente de los que no tuvieran familia. Y se hizo realidad un 22 de agosto de 1979.
La Dra. Emma Godoy concentró en un pequeño libro titulado “ANTES DEL ALBA Y AL ATARDECER” los antecedentes históricos sobre las distintas etapas de la persona: ancianidad: cima no decadencia – Aborto y Eutanasia publicado por Editorial JUS. Ahí plasma una serie de atenciones, cuidados, servicios, que en lo físico y en lo moral, deberían tener los ancianos. Con cuidados muy especiales para las personas indigentes por la carencia que ya sufrían, al no contar con familias.
Un fragmento sobre lo que pensaba la Dra. Emma Godoy:
“En la medida de que hay espíritu, la ancianidad deja de ser una amenaza para convertirse en una ardiente promesa. No estaría mal hacer una prueba, para medir la espiritualidad de las personas, fundándose en esta cuestión: ¿Qué piensa usted de la ancianidad?
En nuestra época, la mayoría saldría de la prueba con cero. Pues hoy no se estima la valía de un individuo sino su productividad económica. Es decir, se le mide con el mismo criterio con que se juzga a una máquina o a una vaca.
Es que ahora no somos cultos, sino simplemente civilizados. En épocas de cultura, los viejos han sido considerados los grandes de la nación. A ellos se les confiaba el más alto de los oficios: el de gobernar. El sanedrín de Israel estaba integrado por 72 ancianos. El Consejo de Delfos guiaba a Grecia. El Senado Romano tenía tanto o más poder que el César. Los cardenales de la iglesia peinan canas. Y a un sacerdote católico se le llama “presbítero” honrándole con ese título porque présbita, en griego, significa “viejo”: es un modo de calificarlo de sabio, aunque sea joven.
No ha de ser, pues, tan impotente e inútil la senescencia, cuando por milenios ha sido la encargada nada menos que de dirigir a las naciones”
FELIZ DÍA DEL ABUELO
FOTO:
Dra. Emma Godoy




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