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FLOR DE NOCHEBUENA, UNA LEYENDA DE MUCHAS


 


México se enorgullece de esta bella flor que inicialmente solo era roja, pero al correr de los años, gracias a los investigadores fue cambiando de color, ahora se ve hasta el amarillo. Pero no ha superado el gusto por el color ROJO (rabioso, intenso, púrpura).

 

Va una de las muchas Leyendas:

Se cuenta que, durante la época de la Conquista, una niña humilde en un pueblo de Guerrero, esperaba con ansias la llegada de la Navidad.  Al no tener dinero para ofrecer un regalo al Niño Jesús, decidió llevar una ramita de hierbas como ofrenda. Al llegar a la iglesia, su amor y sinceridad transformaron la ramita en una hermosa Flor de Nochebuena, simbolizando el verdadero espíritu navideño. Esa Flor, conocida también como Cuetlaxóchitl en náhuatl se ha convertido en un símbolo de Navidad en todo el mundo.

 

El cuento completo.

Había una ver, en un pequeño pueblo de México, rodeado de montañas y campos verdes, una niña llamada Lucía. Lucía vivía con su abuelita en una casita humilde, llena de amor y risas. A pesar de no tener mucho dinero, Lucía y su abuelita siempre encontraban maneras de alegrar la vida con su calidez y bondad.

 

Se acercaba la Navidad y el pueblo entero estaba emocionado con las festividades. Las calles se llenaban de luces y las casas se adornaban con colores brillantes. En el centro del pueblo, la Iglesia preparaba su tradicional celebración donde todos llevaban regalos al Niño Jesús, representado en un hermoso pesebre.

 

Lucía amaba la Navidad, pero en este año, sentía cierta tristeza. Quería llevar un regalo especial al Niño Jesús, pero no tenía dinero para comprar nada. Su abuelita, siempre sabia y cariñosa le dijo: “Lucía, el mejor regalo no siempre es el más costoso. Lo que importa es el amor y la intención con que lo das”.

 

Animada por las palabras de su abuelita, Lucía decidió buscar algo que pudiera ofrecer. Salió al campo donde el aire era fresco. Y el cielo brillaba con una azul intenso. Caminó descalza entre los senderos, sintiendo la tierra cálida frente a sus pies, buscando algo que pudiera transformar en un regalo.

 

Mientras exploraba, se encontró con un grupo de plantas verdes y sencillas que creció al borde del camino. Lucía pensó que, aunque eran simples, a lo mejor podrían ser un regalo si se las daba con todo su corazón. Así que recogió un puñado de esas hierbas humildes y regresó a casa.

 

Esa noche, mientras el cielo se cubría de estrellas, Lucía y su abuelita caminaron hacia la iglesia. El pueblo estaba lleno de alegría y el aire vibraba con canciones y risas. Al llegar al pesebre, Lucía sintió una pequeña duda al ver los hermosos regalos que habían traído. Pero recordó las palabras de su abuelita y, con confianza, colocó las hierbas en el altar.

 

Lucía cerró los ojos y, en silencio, hizo una pequeña oración: “Querido niño Jesús, no tengo mucho, pero te ofrezco estas plantas con todo mi amor. Espero que las aceptes”.

 

Al abrir los ojos, Lucía y todos los presentes, quedaron asombrados.  Las humildes hierbas que había ofrecido, se transformaron delante de ellos en hermosas flores rojas, con hojas verdes, que brillaban bajo la luz de las velas. Eran tan hermosas que llenaron la iglesia de un resplandor cálido.

 

El sacerdote conmovido, dijo: “Estas flores son un verdadero milagro del amor y la fe. Las llamaremos Flores de Nochebuena, y cada año recordarán que lo más valioso que podemos ofrecer es nuestro amor sincero.  Desde entonces, las Flores de Nochebuena se convirtieron en un símbolo de la Navidad en todo México y el mundo. Lucía regresó a su hogar con su abuelita, sintiéndose feliz y agradecida por haber aprendido que el amor y la sinceridad son los regalos más preciosos que uno puede dar.

 

Y cada Navidad el pueblo entero recordaba la historia de Lucía y las flores de Nochebuena, compartiendo amor y bondad, con todos a su alrededor, recordando que el verdadero espíritu navideño vive en el corazón de aquellos que dan sin esperar nada a cambio. Y así, el pequeño pueblo continúa brillando con la luz del amor verdadero, año tras año.

Recordemos: los actos de bondad y generosidad, aunque sean humildes, pueden tener un impacto profundo y transformador. *  Dominio Público.  

 

 


 
 
 

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