EDITORIAL/ septiembre 2026

¿Qué tanto los diputados nos representan?
La clave en la elección de cada uno de los tres poderes está en que los elegidos cumplan con sus funciones. El problema es que la experiencia democrática de este México de casi quinientos años de nacido, se reduce a menos de veinte años de sufragio efectivo (menos del 10% de nuestra vida como Nación) y, lo que se hace, en materia de Congresos, se parece a lo que son las luchas en super libre. En materia de diálogo entre representantes y representados no hemos podido salir del método Ollendorf que consiste en que un dialogante dice algo que, el otro, ni puede ver, ni oír, como si ambos fuesen sordos.
Los Ciudadanos que integramos Organizaciones del Tercer Sector en Baja California queriendo practicar bien la democracia, hemos tocado ya muchas veces la puerta de muchos diputados y de varias legislaturas locales. Pero al revés de lo que dice el dicho, ni la tercera ni la cuarta vez, ha sido, la vencida. Cada vez que hemos intentado que un diputado nos acuse recibo siquiera de una petición en los últimos diez años, nos hemos llevado un profundo chasco. La relación diputado-ciudadanos, desde nuestra independencia misma, hasta el día de hoy, ha sido frustrante, desafortunada: no hemos aprendido a ser demócratas ni justos. El diálogo respetuoso y efectivo no ha querido entrar en nuestra cultura.
Por eso, ha ido naciendo un rencor creciente hacia los Congresos y “nuestros” representantes vanamente electos. No hay nada más necio ni más inestable que un Congreso que encomienda a una comisión cosas urgentes que quedan congeladas para siempre. Desacostumbrados al servicio del bien común, los congresos en México casi siempre han actuado de espaldas de la gente. Muchas de sus leyes, por eso han resultado un galimatías del que burlonamente se dice que “se acatan, pero no se cumplen”.
Si viviera Franz Kafka el escritor del absurdo más excelente que ha habido, le encomendaríamos el relato de nuestras experiencias con toda clase de diputados y diputaciones de Baja California. Pero no somos rencorosos. Baste relatar que solo hubo una legislatura que nos dio la Ley de Fomento a las Actividades de Bienestar y Desarrollo Social y que han sido muchas más las que nos las han querido quitar. Y la última administración simplemente se burla no solo de ella, sino de varias más.
El problema ha consistido siempre en que los ciudadanos que intervienen en la política, y que se preocupan por mejorar las condiciones en que vive su Patria -más allá de las fiestas de septiembre- los que exigimos transparencia y cumplimiento puntual de las buenas leyes; los que exigimos justicia en los Tribunales de toda especie; resultamos sumamente molestos para toda clase de gobiernos ¡Y ha habido tantos gobernantes nuestros, de todos los partidos, que solo tiene la palabra “democracia”, “hacer justicia” y construir entre todos “el bien común”, de dientes para afuera!
Fuimos debutantes con una iniciativa ciudadana firmada por cientos de nosotros que nunca recibió respuesta, dos, casi tres, legislaturas nomas nos sellaron la copia de recibido, pero se quedaron en absoluto silencio, no obstante promesas escritas de campaña.
Hemos utilizado el Artículo 8º constitucional en numerosas peticiones y… ni acuse de recibo, nos dan. Las oficinas de diputados y senadores no obstante que están pagados por todos nosotros y con cargo a nuestros impuestos y están abiertas en todas las ciudades del Estado, solo han cumplido funciones que van resultando algo así como cuando dicen que hay que “taparle el ojo al macho”.
Creemos en que ahora es cuando. En cada nueva elección, se repiten las promesas. Debemos tomarle la palabra recuperando el poder del VOTO.
*Este editorial se publicó en Red Social #188. Se reproduce en memoria del Lic. Javier Prieto Aceves, quien firmaba como Lic. Vidriera, por 25 años fue el, editorialista de esta Gaceta.


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