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  • Luz Elena Picos

Editorial agosto 2023



Ancianos

“La calidad de una sociedad, quisiera decir de una civilización, se juzga también por cómo se trata a los ancianos y por el lugar que se les reserva en la vida en común.” Benedicto XVI


1.- El problema político y jurídico.

Sólo una sociedad de seres egoístas y ciegos en materia social se niega a ver el problema del envejecimiento en la sociedad actual. Los viejos cada día son más y los recursos para atender sus necesidades elementales, cada día son menos. Pero en materia política y legislativa esta injusticia se prefiere ignorarla. Una sociedad consciente tendría que ver, cuando menos, estas urgencias:

A. El régimen de la salud, en general, es insuficiente. Ni siquiera los viejos que tienen derechos en el IMSS o en el ISSSTE reciben atención suficiente. Falta presupuesto, faltan hospitales faltan medicinas, las filas y las esperas se alargan más cada día y no hay más mal servicio, por regla general, que el del llamado Seguro Popular, sin duda, el más inseguro y el menos popular para la muchedumbre de ancianos que hoy, gracias a los descubrimientos de la medicina prolongan, más y más, su vida en este mundo.

B. Las pensiones cada día son más insuficientes para la manutención de los viejos que han trabajado toda su vida. Están en manos de AFORES en un sistema de explotación colectivo que las han convertido en una miseria. Diputados y Senadores parecen no ver el problema.

C. La responsabilidad jurídica de los jóvenes hijos y nietos ha venido a menos también en esta sociedad en que cada quién, vive con intensidad sus propios egoísmos e individualismos. No se ve el caso de que defensorías ni instituciones de defensa les demanden y aseguren pensiones alimenticias, siquiera para cubrir lo más elemental de la manutención de sus ancianos progenitores.

D. Los apoyos económicos a las OSC que atienden la salud y proporcionan techo, alimentación y recreación a los ancianos, brillan por su ausencia. Los gobiernos prefieren lucirse apoyando a instituciones y fundaciones que, para diversos fines, han creado los ricos e influyentes.


2.- El problema moral y religioso:

Bien sabido es que no bastan ni el Derecho ni la política para resolver los problemas más profundos del Hombre en su convivencia social. Se ha dicho, con verdad, que el Derecho es el mínimo de amor exigible en la sociedad. Pero si no hay generosidad y cumplimiento de los demás deberes de amor que tenemos para con nuestros ancianos, la calidad de vida en la sociedad se torna inhumana.

Tomando la premisa transcrita en el epígrafe, el papa Francisco pregunta “¿En una civilización hay atención al anciano? ¿Hay lugar para el anciano? Esta civilización seguirá adelante porque sabe respetar la sabiduría, la sabiduría de los ancianos. Una civilización en donde no hay lugar para los ancianos, en la que son descartados porque crean problemas... es una sociedad que lleva consigo el virus de la muerte. En occidente, los estudiosos presentan el siglo actual como el siglo del envejecimiento: los hijos disminuyen, los viejos aumentan. Este desequilibrio nos interpela, es más, es un gran desafío para la sociedad contemporánea. Sin embargo, una cierta cultura del provecho insiste en hacer ver a los viejos como un peso, un “lastre”. No sólo no producen, sino que son una carga. En fin, ¿cuál es el resultado de pensar así? Hay que descartarlos. ¡Es feo ver a los ancianos descartados, es una cosa fea, es pecado! ¡No nos atrevemos a decirlo abiertamente, pero se hace! Hay algo vil en este acostumbrarse a la cultura del descarte. Pero nosotros estamos acostumbrados a descartar a la gente. …de este modo aumentamos en los ancianos la angustia de ser mal soportados y abandonados. Esos ancianos que deberían ser, para la sociedad toda, la reserva sapiencial de nuestro pueblo. ¡Los ancianos son la reserva sapiencial de nuestro pueblo! ¡Con qué facilidad, cuando no hay amor, se adormece la conciencia”! El papa ve como un pecado grave el abandono en que muchos hijos dejan a sus ancianos padres o abuelos en los asilos.

El papa recuerda que “en la tradición de la Iglesia hay un bagaje de sabiduría que siempre ha sostenido una cultura de cercanía a los ancianos, una disposición al acompañamiento afectuoso y solidario en esta parte final de la vida. Tal tradición está arraigada en la Sagrada Escritura, como lo demuestran, por ejemplo, estas expresiones del libro del Eclesiástico: «No te apartes de la conversación de los ancianos, porque ellos mismos aprendieron de sus padres: de ellos aprenderás a ser inteligente y a dar una respuesta en el momento justo» (Ecl 8,9). La Iglesia no puede y no quiere adecuarse a una mentalidad de intolerancia, y menos aún de indiferencia y desprecio a los mayores. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de acogida, que haga sentir al anciano parte viva de su comunidad.”

En materia religiosa el Papa acaba recordando a los católicos y también a los hombres de buena voluntad, que “Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que nos han precedido en nuestras mismas calles, en nuestra misma casa, en nuestra batalla cotidiana por una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes hemos recibido mucho. El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, aunque no lo pensemos.



NOTA. En memoria del Lic. Javier Prieto Aceves (QEPD) seguiremos presentando editoriales que firmó como Lic. Vidriera y se publicaron aquí durante poco más de 24 años.


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